2 de diciembre de 2016
Tras muchas horas de viaje lo primero que echamos de menos: los bares. Desde que abandonamos la autovía en Besanzón, para dirigirnos a Gerárdmer, ni un bar donde poder desayunar. Sólo encontramos a uno a 10 Km de nuestro destino en una minúscula población.
Mucho frío. El señor muy amable, nos permitió entrar con los perros, dejó lo que estaba haciendo (nos pidió permiso para cambiarse de ropa) y empezó a preparar 4 cafés con leche, 6 tostadas, mantequilla y mermelada: ¡20 €: Bienvenidos a Francia!.
Pero era el combustible que nos faltaba para el tramo final. Aprovechamos el tiempo para contactar con FranÇoise, y citarnos en la que durante unos días sera nuestra casa.
Bordeamos el lago de la población, atravesamos la ciudad, ya engalanada de Navidad y acometimos la última cuesta Cehmine de la Rayeé, 55.
Ante nosotros cinco cabañas de madera con vistas al lago. La nuestra: la cabaña de la liebre.
Bajamos de la furgoneta, estiramos las piernas y nos preparamos para conquistarla: maletas, comida, calefactor (traído de "estrangis"), bolsas con zapatos, abrigos, comederos, pienso, comida, ...
Enseguida, apropiación de habitaciones, reparto de baños, inspección de cocina, reconocimiento Wifi, inventario de equipamiento: nevera, lavavajillas, horno, microondas, cafetera, tostadora, menaje... esto ya es territorio español.
Para no perder el tiempo, mientras unos deshacen maletas otros no bajamos al supermercado y a repostar no queremos perder ni un minuto.
Para no perder el tiempo, mientras unos deshacen maletas otros no bajamos al supermercado y a repostar no queremos perder ni un minuto.



No hay comentarios:
Publicar un comentario