4 de Diciembre de 2016
Riquewhir, es considerado por muchos el pueblo más bonito de Alsacia, así nos lo recomendaron unos compatriotas en Turckheim. Aunque personalmente, es difícil elegir pero Eguisheim y Kaysersber, me encantaron, el primero visitado de día y el segundo ya iluminado, fueron una autentica delicia.
No obstante la llegada a Riquewhir, ya presagia que ha de ser una verdadera belleza, si atendemos a la larga cola que estamos encontrando y como la gente aparca sus coches al lado del camino cuando aun faltan casi dos kilómetros para llegar. Nosotros, ajenos a ese abandono de vehículos, decidimos continuar y junto a los muros de la ciudad encontramos un parking, esté con otra modalidad de pago.
No se saca ticket alguno a la entrada sino que a la salida, en una máquina similar a la de la hora, introduces el número de matrícula de tu vehículo, según el tiempo que has estado te marca el importe que, tras abonar expide el recibo con el que podrás alzar la barrera del parking.
Accedemos al centro histórico bajo el pórtico del Ayuntamiento. Al cruzar el arco ya estamos en la calle principal de la villa Rue General de Gaulle. Si fuera habían vehículos; ya encontramos a sus propietarios: están todos aquí. Encontrar un hueco para hacer una foto ¡Imposible!
Accedemos al centro histórico bajo el pórtico del Ayuntamiento. Al cruzar el arco ya estamos en la calle principal de la villa Rue General de Gaulle. Si fuera habían vehículos; ya encontramos a sus propietarios: están todos aquí. Encontrar un hueco para hacer una foto ¡Imposible!
Sin abandonar esta calle empezamos a encontrar las típicas casas alsacianas, con entramado de madera, muy coloridas y con mucho gusto decoradas. Sin duda, se apreciaría mejor su encanto con un poco menos de gente, pero es domingo y el municipio está abarrotado.
La calle principal finaliza en la Torre Dolder, junto a la que se encuentra una antigua fuente que se utilizaba para el lavado de barricas y otros recipientes de vino. Es recomendable curiosear las calles que a derecha e izquierda se muestran, para abandonar el gentío y descubrir pequeños rincones de calma a la par que fijarse en los detalles que engalanan cada una de las casas.

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