3 de diciembre de 2016
Las retenciones un par de kilómetros antes de llegar al pueblo, preludian que puede ser una localidad espectacular y eso que pensamos que es difícil superar lo visto en Eguisheim.
Las retenciones fueron un aviso, ante el que más de un conductor dio media vuelta, de lo que nos esperaba para poder aparcar. Aunque el pueblo cuenta con varios aparcamientos a las afueras, estaban todos completos. Tras dar una cuantas vueltas decidimos esperar en un parking a que algún coche saliese.
Estábamos a punto de desistir, cuando Laura bajo del coche a la caza de algún grupo de personas que fueran a marcharse para acompañarles al coche y hacer guardia hasta que llegásemos con nuestro vehículo. Hubo mucha suerte, pronto encontró un grupo de personas (que casualidad eran españoles) que nos esperaron y además nos cedieron su ticket del parking.
Ya era de noche cuando bajamos todos del coche, nos abrigamos reglamentariamente (perros incluidos) y a descubrir que tiene esta localidad que causa tanta atracción.
La iluminación, los detalles en la decoración de calles y fachadas, las construcciones típicas, ... todo nos llama la atención. Pero si algo tendría que destacar sería los recobecos de la localidad, la extensión que ocupa el mercadillo y la integración del paisaje natural en la decoración de la ciudad.
Un poco más adelante tanto a izquierda como a derecha volvemos a encontrar estos pasajes que como agujeros negros te atrapan, te trasladan a espacios inesperados y te devuelven a la arteria principal.
La ladera rocosa de una montaña se integra en el paisaje decorado del pueblo y el pequeño río que lo atraviesa crea la neblina que lo envuelve en un halo misterioso propio de las leyendas del centro de Europa.
El vino caliente además de proporcionar el vigor necesario para soportar las bajas temperaturas, en exceso debe provocar efectos secundarios. Así, nos encontramos un grupo (ya con una edad) que seguramente por injerir en exceso esta pócima gala, se creyeron ser los chicos del coro a los que desde bien lejos se le oía cantar a pleno pulmón. Lastima de aquellos que coincidan en la cena con ellos. Como diría un amigo mío:
"Amb els collons mes peluts que son pare cantan el yupiyee"
Ha sido un día perfecto: tiempo despejado y pueblos hermosos. Lo visto no nos está decepcionando.

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